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Columnistas

El costo de creer que estamos generando impacto

Por Verónica Sánchez, socia Fundadora y directora ejecutiva Suma Impacto #SoyPromociona

Por: Verónica Sánchez

Publicado: Viernes 6 de noviembre de 2026 a las 15:18 hrs.

Las empresas invierten cada vez más en sostenibilidad: programas comunitarios, capacitación, bienestar laboral e iniciativas ambientales. Se cumplen presupuestos y metas. Todo parece avanzar. Pero ¿sabemos qué cambios generamos realmente? ¿Y qué valor aportan estas iniciativas a las personas, al medioambiente y al negocio?

Un análisis de The Conference Board (2023) sobre iniciativas sociales y filantrópicas de 100 grandes empresas encontró que el 98% reportaba recursos invertidos; el 58%, productos; el 21%, resultados sociales; y apenas el 3%, retorno para la empresa (ROI). El estudio no abarca toda la sostenibilidad ni permite saber qué medían internamente, pero muestra una brecha.

Pensemos en una capacitación: el presupuesto refleja recursos; la participación, productos; y las competencias adquiridas, resultados. Evaluar su efecto en el desempeño exige ir más allá. Estimar el ROI implica comparar beneficios y costos, sin confundirlo con el valor social generado.

En nuestra experiencia, incluso en áreas con mayor tradición de medición, el seguimiento suele concentrarse en resultados inmediatos, sin verificar necesariamente si los cambios se sostienen en el tiempo.

En sostenibilidad, esta brecha puede generar una falsa sensación de éxito y llevar a mantener inversiones ineficaces, subestimar impactos negativos y tomar decisiones con información incompleta. Así, la sostenibilidad puede terminar aumentando los riesgos que busca mitigar.

Por eso, necesitamos avanzar hacia una sostenibilidad gestionada por impacto. Esto exige comprender desde el inicio qué problemas buscamos resolver y qué cambios esperamos generar. Después, necesitamos evidencia sobre los resultados y efectos de las iniciativas para decidir cuáles mantener, corregir, ampliar o detener.

Los directorios y gerencias no deberían conformarse con saber cuánto se invierte en sostenibilidad. Deberían preguntarse si esas inversiones están generando los resultados esperados o si estamos acumulando riesgos mientras creemos estar mitigándolos.

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