La ocupación más antigua y permanente del economista y ex ministro Félix de Vicente -actual candidato a la presidencia de la CPC- es la de emprendedor. Partió joven con eso: esperaba que terminara la cosecha en el campo familiar y junto a algunos trabajadores sacaban lo que aún quedaba en los árboles -como limones- y lo vendían en la feria de Rancagua. Después armó y vendió galpones. Luego levantó una empresa de puertas a medida. Y así, arriesgándose -él dice que es lo que corresponde a quien se dedica al emprendimiento- armó Kitchen Center, que vende equipamiento de cocina.
De eso ya han pasado 24 años, y esa apuesta es hoy una marca consolidada con 26 tiendas en Chile, nueve en Perú y que está aterrizando en varios países de Centroamérica. Funciona también en EEUU. En 2023, además, compró Coquinaria y la integró a su oferta.
Félix de Vicente mira el negocio desde la presidencia de Kitchen Center; “trabajo en lo que es la negociación en el exterior, la definición de productos, el diseño y la calidad de los equipos”. Eso y más cuenta esta mañana durante la grabación del podcast Asunto de familia, donde lo acompaña su hija Elisa. No es casualidad que ella esté ahí: desde marzo del año pasado es la gerenta de marketing. Aunque no es ni la primera ni la única de los cinco hijos que trabaja con De Vicente, ella es quien actualmente tiene una responsabilidad directa en el equipo que gestiona la empresa. Padre e hija han tenido que adaptarse a trabajar juntos.
Elisa cuenta una estrategia simple que a ella le ha servido: en la oficina ya no lo llama papá, sino simplemente Félix. Él dice que eso no deja de darle rabia.
La herencia
- Antes de Kitchen Center, ya traías un recorrido de emprendimientos. Galpones, puertas. ¿Qué te empuja, Félix, a este incombustible ánimo emprendedor?
- (F) Una vez un amigo me dijo que el que nace chicharra, muere cantando. He partido emprendimientos en distintos rubros, muchos ya se me han olvidado. Mi padre tenía un campo, yo era amigo de los trabajadores. Terminadas las cosechas, sacábamos lo que quedaba en los árboles y lo íbamos a vender a la feria de Rancagua en un camión que el parabrisas se abría para adelante y el agua caliente del radiador me saltaba a la cara. Tuve también un emprendimiento de puertas, con mi suegro de socio, que luego compró una empresa norteamericana líder en el rubro. Antes construí y vendí galpones para talleres, empresas pequeñas. Y con el tiempo llegué a una empresa en que estaban tres amigos, que dentro de los negocios tenían una marca de equipos de cocina de España que se llamaban Fagor. Al año y medio estábamos completamente perdidos. Partimos a pagar a los bancos y no fue una pérdida menor. Ahí yo dije: “Voy a comprar el inventario de esta sociedad fallida”. Así partió Kitchen Center. De experiencias malas pueden salir cosas buenas si uno le pone trabajo y cariño.
"Al año y medio estábamos completamente perdidos. Partimos a pagar a los bancos y no fue una pérdida menor. Ahí yo dije: “Voy a comprar el inventario de esta sociedad fallida”. Así partió Kitchen Center", dice Félix de Vicente.
- El emprendimiento, en tu caso, es también un asunto de herencia…
- (F) Tuve la suerte de que mis cuatro abuelos eran españoles y migrantes. Y cuando uno llega a un país como inmigrante, el camino más fácil es emprender. Todos mis abuelos, tanto por los Mingo como por los De Vicente, eran emprendedores. Mi padre fue emprendedor con una fábrica de plástico muy chiquitita; él hacía las máquinas, las matrices. Entonces, al final, como al hijo doctor le sale más fácil ser doctor, a mí me resulta más fácil arriesgarme, porque al final el emprendimiento es un riesgo. Hablo con amigos, grandes ejecutivos, que me dicen “yo no me atrevo a arriesgarme en un negocio nuevo”, pero cuando uno ya viene con esas experiencias de familia puede resultar más fácil.
- Tus hijos, desde niños, empezaron a participar en Kitchen Center. Apoyar en Navidad, en los veranos. ¿Lo incentivabas?
- (F) Yo lo hice distinto a mi padre. Él, apenas se acababa el colegio o la universidad, nos hacía levantarnos a las 7 de la mañana y partir a la fábrica. Mis hijos generalmente me acompañaban de común acuerdo, no era una imposición dura como me pasó a mí.
- (E) Yo nunca lo sentí como orden. Yo lo pedía. Me gustaba ser independiente, sentía que ganarme mis pesos me permitía tener cosas mías. Si uno se cría en este ambiente de emprendimiento, conseguir lo propio y ganárselo vale mucho más que cualquier cosa regalada. Para mí era un logro terminar cansada, la gente se reía y me decía que no era necesario, pero para mí es como un logro sacrificarme por el trabajo. Creo que eso es cultura de mi crianza.
- Trabajar en la empresa familiar va generando de manera natural un sentido de pertenencia, lo han comentado otros invitados a este podcast…
- (F) Yo no sé cómo los hijos lo viven, pero creo que en mi caso no hay un sentido de pertenencia. Es decir, yo llego a la empresa a trabajar como uno más. Pero te diría que sentido de pertenencia no tengo. Y en la fábrica de plástico de mi padre yo tenía conocimiento, pero tampoco tenía sentido de pertenencia. Las empresas tienen vida propia y no le pertenecen a nadie, son del equipo humano, de la cultura, de la mística que se genera entre todos los que pertenecen a ella.
- ¿Qué piensas tú, Elisa?
- (E) Cuando era más chica, sí lo sentía. Era una trabajadora parte de un equipo. Y cuando entré hace un año y medio, también lo hice como una trabajadora más. La gente me decía “¿pero cómo?”. Yo aquí no vengo con ningún beneficio de nada, yo vengo a trabajar, vengo a entregar lo mejor de mí y tratar de hacerlo calladita. No hacer ruido, no molestar y aportar. Es verdad lo que dice Félix, que el equipo humano es lo mejor de Kitchen Center. Félix creó acá una cultura cercana. Hay espacios para conocerse y generar lazos.
- (F) Tenemos hasta un club de los retornados: son los que se han ido a buscar nuevas cosas y vuelven. Han sido muchos.
"Yo aquí no vengo con ningún beneficio de nada, yo vengo a trabajar, vengo a entregar lo mejor de mí y tratar de hacerlo calladita. No hacer ruido, no molestar y aportar", señala Elisa de Vicente.
Cargo por sorpresa
- Elisa entró hace un año y medio a Kitchen Center, pero no fue la primera de tus hijos en hacerlo. Antes estuvo Nicolás, en la gerencia de postventa.
- (F) Eso debe haber sido en 2016. Estuvo como dos o tres años. Fue una experiencia extraordinaria. En una empresa, el servicio técnico es el más duro, porque llama una persona que le falló el horno, está enojada y quiere que se lo reparen. Allí no teníamos un equipo bien organizado. Mis dos hijos mayores son oficiales de la Armada, y cuando Nicolás salió de ahí se fue a viajar, trabajó en algunas cosas y entró luego con nosotros al servicio técnico. Logró darle orden y solucionaba muchas cosas, porque es trabajólico como la Elisa. Logró crear un equipo. Anduvimos muy bien, pero en ese minuto no teníamos cabida para hacerlo ascender. Él dijo que quería emprender y salió de la empresa. Hoy es emprendedor, tiene unas máquinas de agua que se arriendan para poner en las casas, se llama Nagua. Después no entró ningún otro hijo, porque el mayor estaba en la Marina, luego entró a trabajar en distintas cosas y hoy trabaja conmigo en un campo que tenemos cerca de Talca. Otro estudió Ingeniería Comercial y trabaja en un banco. Y el menor es emprendedor también.
- La herencia emprendedora pesa, Elisa también tiene su emprendimiento. ¿Pero cómo fue para ti trabajar por primera vez con un hijo?
- (F) Ha sido súper cómodo, con todos mis hijos. De repente hay temas, claro. La semana pasada le dije “oye Elisa, sabes que esto que se hizo acá no me gustó”. Hay que ser honesto y directo. Ella me dijo “bueno, lo voy a revisar”. Me acuerdo siempre de don Horst Paulmann, lo jodido que era en los supermercados, educando a la gente. Yo creo que uno tiene que ser igual con quien trabaje con uno, sea de la familia o no.
- Y esas cosas, aunque sucedan en lo laboral, ¿repercuten en el terreno familiar?
- (F) Sí, pero cuando hay buena disposición… Ahora me acuerdo que a los ocho meses que la Elisa estaba trabajando, me decía: “Papá, no me hables de trabajo fuera de la oficina”.
"Me acuerdo siempre de don Horst Paulmann, lo jodido que era en los supermercados, educando a la gente. Yo creo que uno tiene que ser igual con quien trabaje con uno, sea de la familia o no", dice Félix de Vicente.
- Tu llegada Elisa a la gerencia de marketing fue inesperada. ¿Podrías contar la historia?
- (E) No fue planificada. La idea era que Nicolás, mi hermano, volviera a Kitchen Center a ese cargo. Él me llamó y me pidió que fuera su directora creativa, que lo apoyara desde el diseño, lo visual, lo estético, que me entretiene mucho. Fuimos a una reunión con una agencia y Nico me dice que decidió no volver a Kitchen Center… Yo totalmente en shock dije “¿qué voy a hacer en un rol de directora creativa bajo otro gerente con una visión distinta a la mía?”. Pero entonces me dicen que la persona que estaba de gerente de marketing se iba a otro lado e iban a necesitar a alguien. Me miran y me dicen: “¿Cuándo entras tú?”. Así partí, al día siguiente con Recursos Humanos armando equipos.
- (F) Lo bueno es que yo no participé de este proceso de integración. Que las cosas se las ganen solos.
- Pero en el minuto que aceptas el cargo, ¿hay dudas, te asustas? ¿Cuánto había de gusto en la decisión y cuánto de algún tipo de deber familiar?
- (E) Yo soy muy de tirarme a la piscina. Voy con todo. Estudié dos carreras. Obvio que existe el síndrome del impostor; es decir, como yo no me gané este puesto, estoy aquí por mi familia y por lo mismo yo creo que uno se esfuerza el doble, entrega el doble. Nace de mí entregarse al 100, 120; entonces nunca lo dudé. Había nervio de no cumplir expectativa, creo que ése era el mayor susto.
- ¿Expectativas tuyas, del resto, de Félix?
- (E) Propias.
- (F) Yo las dudas que tenía es que ella tiene un emprendimiento (Soiree, de confección y venta de ropa), que le va muy bien. Y me daba pena que lo descontinuara. Se lo dije.
- ¿Y qué dijo Elisa?
- (E) Dije “probemos, intentemos, lo puedo hacer”. Kitchen Center, cuando yo era chica, me enseñó la ética de trabajo, el amor por el trabajo, entonces si yo podía entregar también algo de vuelta, me va a hacer feliz a mí también.
Félix De Vicente con sus cinco hijos.
La sobremesa
- ¿Cómo ha sido la relación entre ustedes en la empresa? Porque es una relación nueva, ya no es la que conocen de padre e hija.
- (E) Siempre cuando voy a hablar un tema que me complica de oficina, lo hablo en la oficina. Es como “¿podemos tener una reunión?”. Y él me dice: “¿Pero para qué?”. E insisto: “ Yo necesito una reunión, Félix”. Yo hablo de Félix en la oficina. Eso a mí me ayuda.
- (F) Y a mí me da rabia. No me gusta. Soy su papá.
- (E) Yo siento que es más profesional. Uno tiene un equipo a cargo, y que llegue tu papá y te abrace invalida un poco el rol del líder. Como yo trato de respetar mucho esos espacios, en la oficina trato de ser muy profesional. Cuesta a veces, pero se puede.
- (F) La entiendo re bien, debe ser súper incómodo. Es como cuando el hijo ya es mayor y el papá se baja a dejarlo en el colegio y le da un beso… aquí en el trabajo es más o menos lo mismo; entonces he aprendido a respetar su sentir. Gracias a Dios no soy el jefe directo. Yo sólo le hago comentarios de papá que le ayudan en decisiones en que pueda tener dudas. Además los dos somos súper parecidos en la forma de ser, de trabajar, de pensar. Eso facilita mucho.
- Kitchen Center para ti siempre fue la empresa de tu papá. ¿Cómo la defines ahora, que eres gerenta ahí?
- (E) Es una empresa que le tengo demasiado cariño, que quiero mucho, pero sigue siendo la empresa de Félix.
- ¿Y han logrado que las conversaciones de trabajo no se metan a las conversaciones familiares, en la sobremesa del domingo?
- (E) No siempre, pero se da en un almuerzo al mes.
- (F) Se da, pero corto. No es el tema largo de los almuerzos. Serán tres comentarios, nada más. Y todos opinan. Bueno, mi señora se encarga del visual de las tiendas. Ella tiene muy buen gusto y hace el trabajo de combinar los colores en las vitrinas y esas cosas, entonces también tiene harto que opinar.
- Pero entiendo que es justamente tu esposa la que pone freno en los almuerzos de hablar demasiado de Kitchen Center…
- (F) No siempre, porque es vasca. Entonces persigue las cosas.
- (E) Es igual a ti.
- (F) No, es peor. En todo caso, al final el trabajo es parte de la vida de las personas.
- ¿Está la idea de que más hijos se incluyan en la empresa, ya sea en la administración o en el directorio?
- (F) La verdad que todavía es una empresa mediana, está en crecimiento y hay una estructura; por lo tanto creo que el día de mañana, una vez que crezca un poco más, poder integrar a los hijos en el directorio sería un buen camino.
"Todavía es una empresa mediana, está en crecimiento y hay una estructura; por lo tanto creo que el día de mañana, una vez que crezca un poco más, poder integrar a los hijos en el directorio sería un buen camino", señala Félix de Vicente.
- ¿En el directorio más que en la gestión diaria?
- (F) Es que en la gestión ellos están encaminados, salvo Benjamín, que está en el sector financiero y yo lo motivo que siga ahí, porque veo que es un tema muy relevante en el crecimiento de la economía y en la familia nadie lo domina. Los otros están ya en sus caminos enrielados, por lo tanto no lo veo posible hoy día. Ahora, uno no se puede cerrar ni negar a nada…
No fue ego
- Félix, has tenido emprendimientos exitosos que luego has vendido. Pensando en Kitchen Center, ¿podrías eventualmente venderla o meter más socios?
- (F) La empresa está creciendo de manera muy fuerte, pero le queda mucho por crecer; entonces todavía le falta como para invitar a algún socio a participar. Tiene que terminar de desarrollarse en Panamá, en República Dominicana. También estamos en Estados Unidos y partimos el año pasado en Paraguay. En Chile y Perú somos los más grandes en lo que es proyecto inmobiliario y somos el actor que marca tendencia hoy en equipamiento de cocina.
- ¿Qué pasos importantes han dado en este tiempo y cuáles vienen hacia adelante?, ¿más países, nuevos productos, tiendas?
- (F) Bueno, lo que nos pasó a muchos empresarios que éramos 100% Chile es que después del estallido social y la primera propuesta constitucional dijimos: “No conozco nada de ningún otro país”. Empezamos a ver dónde podríamos crecer con Kitchen Center. Partimos en 2022 en Estados Unidos, en el estado de Florida. Fue muy duro. Recién este año empezamos a vender en proyectos importantes, teníamos que desarrollar equipos de 110 volts, no de 220 como acá. Con las medidas de aranceles impuestas por Trump, que golpearon al mundo importador de EEUU, vimos un tremendo desarrollo inmobiliario en República Dominicana, fuimos para allá y estamos partiendo con un hub en Panamá para atender Panamá, República Dominicana, Costa Rica y El Salvador. En octubre del año pasado partimos en Paraguay, y ya somos un actor relevante en Asunción. La primera tienda allí la entregan en diciembre.

Reunión familiar de los De Vicente.
A algunos de esos países no van como Kitchen Center, sino como FDV. Una marca con tus iniciales que armaste de emergencia hace años cuando necesitabas una autorización para producir equipamiento afuera y Fagor no respondía.
- (F) Claro. Pero como una vez un constructor dijo que le dijo una vendedora: “Que ególatra tu jefe”, yo me preocupé y hoy día FDV es Formas, Diseño, Vanguardia.
- ¿Y no fue un asunto de ego?
- (F) No. Con mi hermano teníamos una fábrica de plástico que heredamos de mi padre y que se llama DVP: De Vicente Plástico; entonces cuando pasó que con Fagor habíamos mandado hacer unos 400 microondas y Fagor no me daba la autorización con la carta firmada para que estos fabricantes los hicieran, a mí no se me ocurría nada… así que mandé una hoja Excel, escribí FDV y les mandé esa marca (para la autorización). Después necesitábamos unos hornos y me los hicieron en Italia como FDV. Así partió.
- Hay una frase que has dicho sobre armar empresas y que podrías comentar aquí: “El rigor es más importante que el talento o las habilidades”.
- (F) Sin duda. Hay mucha gente con talento, pero si no hay voluntad, si no hay esfuerzo, ese talento se pierde. Lo he visto en deportistas y pasa lo mismo en el emprendimiento. Hay una típica frase de un petrolero americano de años pasados cuando le decían la suerte que tenía. Él respondía: “Cada vez que me levanto más temprano, más suerte tengo”. Y eso es. Rigor y perseverancia. Cuando partimos con Kitchen Center, los cuatro primeros años no tuvimos utilidades, un mercado difícil. Había que trabajar duro, esforzarse. Lo he dicho tantas veces: entre el fracaso y el éxito hay un segundo. Entonces no te rindas, porque puede ser el próximo segundo el que te lleva a destacarte.