Hay algo inquietantemente familiar en las noticias que llegan desde Francia y otros países de Europa: protestas, violencia, servicios públicos que no responden y la sensación de que el esfuerzo no siempre se traduce en oportunidades. Siete años después de octubre de 2019, el déjà vu resulta inevitable.
Francia y los demás países europeos tienen sus propias historias y particularidades, pero estas experiencias invitan a reflexionar sobre cómo recuperar la confianza y la esperanza.
La democracia se construye sobre la confianza en las instituciones, el respeto por quienes piensan distinto y la convicción de que la convivencia supone derechos y deberes.
Chile puede aportar a esta reflexión desde la humildad. Según Cadem, un 54% considera que el estallido fue necesario para visibilizar problemas profundos y un 71% estima que sus demandas siguen sin resolverse y han empeorado. El Panel Ciudadano UDD señala que un 64% evalúa negativamente sus efectos y un 89% considera ilegítimo destruir bienes de uso público como forma de protesta. Un país puede conseguir que todos hablen de sus problemas y seguir sin resolverlos. Es posible reconocer demandas legítimas y rechazar, al mismo tiempo, la violencia y los destrozos.
“Una sociedad no se construye solo exigiendo derechos, sino cumpliendo obligaciones, respetando las reglas y pensando en los demás. Debemos evitar que se vuelva habitual aquello que sabemos que no está bien”.
La primera lección es escuchar. Un país puede crecer y mostrar buenos indicadores, pero eso no siempre se refleja en la vida cotidiana. Detrás de las cifras hay familias que enfrentan dificultades y esperan participar del progreso. Reconocer esas realidades y reducir las brechas es responsabilidad de autoridades, empresas y ciudadanos.
También debemos renovar nuestro compromiso con los deberes. Una sociedad no se construye solo exigiendo derechos, sino cumpliendo obligaciones, respetando las reglas y pensando en los demás. Debemos evitar que se vuelva habitual aquello que sabemos que no está bien. La banalización de lo incorrecto - justificar faltas o relativizar conductas deshonestas - debilita valores esenciales e intransables.
La legitimidad de una demanda no justifica la violencia. Debemos expresar nuestras diferencias respetando a los demás: la protesta pacífica, los derechos ajenos y el cumplimiento de la ley son parte de una misma convivencia.
Las promesas despiertan esperanza, pero solo cumplir los compromisos permite mantenerla. Liderar exige explicar qué se puede mejorar, cuánto costará y en qué plazo se podrá responder por los resultados. Eso requiere acuerdos entre personas que piensan distinto. La crítica es legítima, pero pierde sentido cuando importa más el beneficio político que encontrar soluciones.
Francia y otros países europeos nos devuelven una imagen conocida y una oportunidad para reflexionar. Chile también tiene tareas pendientes. Recuperar la confianza exige escuchar, cumplir compromisos y comprender que todos tenemos un papel en construir una sociedad mejor. Exige cuidar la dignidad del país, valorando principios como la honestidad, la responsabilidad, el respeto y la integridad.
No debemos acostumbrarnos a que lo incorrecto parezca normal. El desarrollo no se mide solo por lo que un país produce, sino también por la calidad de su convivencia y los valores que orientan su futuro.