Después de más de tres décadas en la industria óptica, Walton Ojeda decidió desarrollar su propio negocio. El ejecutivo, cuya trayectoria incluye pasos por Rotter y Krauss, Ripley y Rodenstock, fundó en 2025 la firma Black Dog, una distribuidora con representación exclusiva de marcas como Lacoste, Converse, Columbia y Scalpers.
La compañía espera duplicar este año sus ventas respecto de 2025 y crecer otro 50% en 2027. La meta de Ojeda es estabilizar la operación entre el tercer y cuarto año, con una facturación cercana a $ 2.500 millones anuales.
“Seríamos un actor importante con $ 2.500 millones al año en este tipo de producto”, afirma. Su intención es mantener el foco en un segmento especializado, porque entrar en una oferta masiva de menor precio requeriría una estructura distinta, con mayores bodegas y volúmenes de mercadería.
El proyecto tomó forma tras su salida de Rodenstock en 2024. En dicha compañía de cristales ópticos estuvo casi 13 años, período en que lideró las operaciones de Chile y Uruguay y, posteriormente, asumió responsabilidades sobre Latinoamérica. Antes había participado en la expansión de Rotter y Krauss, que, según recuerda, pasó de diez a 106 locales en una década.
Aunque inicialmente pensaba dedicar más tiempo a sus inversiones inmobiliarias y a unos campos en la Patagonia, sus contactos en la industria lo acercaron nuevamente al sector. “Me empezaron a llamar las marcas: qué iba a hacer, por qué no las representaba. Y así creamos esta compañía”, relata. Hoy trabaja junto a su hijo.
El espacio de los independientes
Black Dog apuesta por un mercado que se ajustó tras el boom de la pandemia. Ojeda estima que han cerrado unas 300 ópticas pequeñas por menores ventas y mayores costos de arriendo. Pese a ello, ve espacio para crecer con especialización y asesoría según la receta y los hábitos de cada cliente.
Según explica, la ley que permitió a tecnólogos médicos especializados prescribir lentes impulsó la apertura de ópticas independientes, especialmente de menor precio.
El empresario calcula que el sector mueve US$ 500 millones anuales, repartidos por mitades entre cadenas e independientes. Pero de unos 3.000 locales, estima que 2.500 son independientes.
Las cadenas concentran así más ventas por establecimiento y tienen escala para comprar directamente a proveedores internacionales.
Los independientes, por su parte, tienen la ventaja de que cuentan con sus dueños en la atención y están en ubicaciones tradicionales. Para Ojeda, deben aprovechar ese factor y diferenciarse en productos y servicio. “Ir a competir a $ 14.900, a $ 19.900, es muy peligroso”, advierte.
Ahí entra Black Dog, que complementa la distribución con capacitación, vitrinas y estrategia comercial. También ve potencial en una mayor preocupación por la salud visual al aumentar los ingresos y en los anteojos como accesorios de moda.
Además de distribuir marcas internacionales, Ojeda desarrolló los lentes Peacook y Who, con fabricación en Italia y China. Con ellos busca ampliar su oferta y dar mayor protagonismo al diseño.