El Panel de Políticas Públicas de la Escuela de Gobierno de la Universidad Católica abordó, en su consulta de octubre, la conveniencia de suspender clases debido a eventos climáticos, rechazando categóricamente decretarlas con frecuencia debido a los efectos que tiene en el proceso de aprendizaje, principalmente en la enseñanza básica y media.
Ante la afirmación “la suspensión de clases en comunas específicas frente a riesgos climáticos se usa demasiado frecuentemente sin poner atención a sus efectos educacionales”, un 68% dijo compartir la aseveración. De ellos, un 37% dijo estar de acuerdo, un 31% muy de acuerdo y solo un 5% en desacuerdo.
Los resultados de la medición -que se realiza en alianza con Radio Pauta y Diario Financiero- reúne las respuestas de 35 panelistas -economistas y no economistas de distintas sensibilidades políticas- que enfatizaron mayoritariamente la necesidad de utilizar esta medida solo para casos en que se trate de una emergencia climática.
“Cuando se suspende a fin de año o al principio, los efectos son más pequeños, pero cuando ya el proceso está bien avanzado, el efecto es más negativo”, dijo Beyer.
El profesor de la Escuela de Gobierno UC y exministro de Educación, Harald Beyer, sostuvo :“realmente me sorprendió la respuesta, porque hay mucho acuerdo con la idea de que se están interrumpiendo demasiado frecuentemente las clases a propósito de riesgos climáticos”.
Explicó que “la opinión mayoritaria tiene que ver con la experiencia comparada, que muestra que en general los países son muy reticentes a suspender las clases por el efecto negativo que eso provoca en los aprendizajes y lo hacen solamente en situaciones que sean extraordinariamente graves”.
Aprendizaje retrocede
Beyer planteó que quizás habrá que establecer reglas comunes, porque queda al libre arbitrio de cada comuna las suspensiones. “Es bastante discrecional y de hecho, algunos de los panelistas piden protocolos más definitivos para los colegios” y lo otro que destaca es “la señal que envía, o sea, se suspende solo la educación y no se suspenden otras actividades. Pareciera entonces que la educación es menos importante”.

Beyer consideró que delimitar un sector y no abarcar toda una comuna podría contribuir a minimizar la falta de clases en determinados eventos como quedó demostrado, dijo, “en el caso extraordinario producido recientemente en Las Condes. Parece razonable que se suspendan ahí las clases, pero eso no fue preventivo, fue una vez que ocurrió”.
Planteó que “aquí se han suspendido clases diciendo mira, va a caer mucha agua mañana y, por lo tanto, tal vez es más prudente solo en algunas comunas suspender” y propuso que “en esto tiene que haber mejor información para tomar esas decisiones”.
Respecto de los efectos en el proceso de enseñanza, el académico indicó que hay mediciones: “Durante la pandemia del Covid y también en otras experiencias, se ha mostrado que suspensiones incluso breves afectan el aprendizaje” y precisó que “el impacto depende mucho del momento en el que se suspendan. En general cuando se suspende a fin de año o al principio, los efectos son más pequeños, pero cuando se suspenden clases cuando ya el proceso está bien avanzado, el efecto es más negativo aún, entonces eso también hay que tomarlo en consideración”.
Graficó lo anterior en que “cada día perdido importa y la evidencia muestra que por cada 15 días sin clases, el aprendizaje retrocede en el equivalente aproximadamente a un mes de clases. O sea, tiene un efecto doble”.
Sin embargo, el experto precisó que en la educación universitaria es distinto, “porque en general en esos casos se mantiene con bastante éxito la clase online. En cambio, a nivel escolar, sobre todo en la básica, la clase online ha demostrado ser bastante poco efectiva y el aprendizaje retrocede más” y a eso, dijo, hay que sumarle que “los niveles de asistencia no son los ideales”.
El académico enfatizó que el mensaje que envía el Panel UC es que “los directivos sean mucho más cuidadosos y tengan evidencia mucho más dura para tomar esta decisión y minimizar además el número de días en que esto se suspenda, porque si no, se va a lesionar el aprendizaje de los niños y jóvenes que asisten a los colegios privados, particulares subvencionados, y municipales”. Y agregó que “pero este también es un mensaje para el Ministerio de Educación, que a veces, a propósito de las alertas rojas en alguna comuna, ha suspendido las clases en todas”.
“Cuando se suspenden clases ante eventos naturales, pero todo sigue abierto, la señal es que la educación es menos importante”. Sylvia Eyzaguirre, investigadora del CEP.
“En un país como Chile, es fundamental entender que habrá ocasiones en que sea necesario adoptar medidas extraordinarias para proteger a las personas”. Pía Mundaca, exdirectora de Espacio Público.
“La suspensión debería aplicarse sólo cuando es estrictamente necesario, ponderando el riesgo de la zona en cuestión con el impacto en los aprendizajes”. Soledad Arellano, vicerrectora académica de la UAI.
“Además de los efectos educacionales, es importante considerar el impacto que tiene en quienes cuidan a los niños”. Alejandra Abufhele, investigadora Núcleo Milenio.